Jaume Ventura

Paz, tranquilidad, fluidez, calma… Todas estas palabras me vienen a la mente al recordar la experiencia vivida en Can Lamat. Sin embargo, es curioso que a mí, acostumbrado a las letras escritas, me resulte difícil expresar todo aquello que sentí en esos días del mes de octubre pasado.

Varias han sido las veces durante muchos meses pasados, en las que he estado tentado de ir a Can Lamat y conocer en persona a Shekitubah…pero nunca me acababa de decidir…claro, no era el momento….Hasta que hace unas semanas volvió a aparecer la Estrella. Justo en el momento en el que yo acababa de cerrar un capítulo de mi vida, un viaje largo y emocionante por mi mundo interior que había durado más de tres años. Y sentí enseguida que pasar unos días en Can Lamat era lo que quería hacer.

Así que concreté con Sheki los días, compré un billete de autobús y me marché. Sin expectativas de ningún tipo, con la mente y el corazón abiertos y dispuesto a dejar que las cosas sucedieran… Paz, tranquilidad, fluidez, calma…poco a poco esas sensaciones se fueron haciendo presentes en ese lugar mágico y reparador, siempre con la compañía de Shekitubah, con su respeto absoluto, con su calidez humana extraordinaria. He intentado poner palabras a esa mágica tarde de domingo en la cual abrí una puerta para salir al jardín y el mundo, el universo, el todo se fundió con mi ser, ese atardecer en el que todo mi ser se fundió con el universo para formar un algo único, indivisible, inabarcable. Había oído y leído algo sobre el Todo y la Nada, que podía ser una misma cosa a la vez y a la vez no ser, siendo al mismo tiempo… Ese atardecer en el jardín de Can Lamat lo viví. Y a medida que han ido pasando los días he dejado de intentar entenderlo, de querer encapsularlo en palabras…simplemente lo siento, algo mucho más intenso.

Esa sensación ha seguido en mí al dejar Can Lamat, me acompaña, me sigue, porque forma parte de mí y yo formo parte de ella. Me llena y me vacía a la vez, me envuelve con su estado inmaterial. Soy Yo, una infinitésima parte del Todo. Es el Todo, una infinitésima parte de mí…

Y sé que cuando llegué el momento, volveré a ese lugar de encuentro.

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