Miguel Cabañas

Cuando llegué a Can Lamat mi luz interior estaba apagada, cuando salí tres días después, brillaba como un sol.
Mi carácter escéptico me hacía no esperar mucho de esta experiencia, sin embargo una voz interior, esa que casi nunca se equivoca, me impulsaba a ir allí, que algo inesperado podría suceder. Y la verdad es que esa voz interior no se equivocó. El lugar es mágico y Shekitubah, sabio. Desde el primer momento conecta con tu interior y notas que ve perfectamente qué es lo que te sucede y cuáles son las barreras interiores que te hacen no ser feliz. Las conversaciones con él son terapéuticas, van a la raíz del problema, y luego, te deja reflexionar, en un ambiente de naturaleza y paz infinita que te hace conectarte contigo mismo, con tu verdadero yo, ese que es el mejor y más reconfortante de los compañeros de vida. Viví experiencias sobrenaturales incluso, que venían a corroborar que lo que yo meditaba y sentía no era autosugestión: el universo integrado, tan mágico e inexplicable ante nuestro pequeño intelecto, mandaba señales. Así de increíble pero cierto, como lo cuento. Toda una experiencia que te vuelve a poner en tu camino y te reconforta y reconcilia con el cosmos.

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