Helena Mas Álvarez

En el mismo instante en que crucé la valla de Can Lamat, supe que debía dejar atrás las expectativas, los prejuicios y sobre todo, las máscaras. Esa herramienta que utilizamos de protección para no sentirnos vulnerables, proyectando una identidad adaptada a las circunstancias, situaciones o personas. 

Cuánto tiempo llevas esperando ese cambio. A que llegue ese día, ese momento de reflexión en que te miras al espejo, observando la profundidad de tus ojos, tu yo interno, en silencio, recorriendo el pasado y examinándolo, analizando el presente e intentando visualizar el futuro. Observando sin juicio cada escena; las mentiras, decepciones, manipulación, control y desengaño. Puede que no todo a mi alrededor sea perfecto, pero hay aceptación, tranquilidad y paz conmigo misma. A veces la mayor resistencia es ser uno mismo. Dejar atrás actitudes, vicios, costumbres y creencias limitantes. Como dice Lluis, aprender a desaprender. 

Si has llegado hasta Can Lamat, ya tienes medio recorrido hecho. El cambio no es fácil ni agradable, ni tampoco ocurre de un día para otro. Es un proceso incómodo que requiere disciplina, voluntad y mucho coraje. Aparentemente todo es muy obvio y simple, y precisamente lo simple a veces es lo más difícil. ¿Qué cambios hacemos en la vida, en nuestras rutinas, para llegar a ser la persona que deseamos? Se trata de pasar a la acción, dejar el victimismo, el culpar a los demás y empezar a asumir responsabilidades. Confiar en la capacidad de crear tu propia realidad. 

Mi camino empezó en el mágico escenario de Can Lamat, con Lluís, quien me dio la confianza de ser brutalmente honesta con mi historia y mi verdad. Aprender a soltar personas y situaciones que no aportan y causan bloqueos en el propio desarrollo personal o laboral. Identificar mis motivaciones y deseos y tener la determinación para seguir mis sueños. La fuerza para adentrarme en lo desconocido con entusiasmo y sin miedo, aunque a veces no camine con la rapidez que me gustaría, ahora mi paso es firme e imparable, y esta vez sin distracciones que causan confusión. Lo que importa es uno mismo, entender que para que cambie lo exterior primero se ha de trabajar el interior, desprenderse de lo que ya no sirve para construir un futuro con una base sólida, coherente, equilibrado y armonioso. 

Los límites nos los ponemos nosotros mismos. 

Gracias Lluis. 

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